Como hemos dicho, el teatro es ante todo un espectáculo visual y auditivo, de ahí la procedencia de su nombre. Aunque la mayor parte del tiempo se asocia con el ocio y el entretenimiento, no hay que olvidar que este arte comenzó como una manera de representación de ciertos ámbitos de la vida diaria, y que en muchas ocasiones sus historias pretendían mostrar enseñanzas y terminaban con moralejas, pensando que gracias al carácter artístico del teatro, calara con más facilidad entre el público.

Son muchas las compañías de teatro que en la actualidad han querido volver al origen del mismo; y por eso, en vez de obras clásicas y de carácter exclusivamente lúdico, algunas de ellas apuestan por un teatro alternativo y de calado social. Un buen ejemplo de ello es la obra «Porno VS Afrodita», presentada por el grupo de teatro vasco Benetan Be, que trata de ahondar en clave de humor en la sexualidad de hoy en día: el sexo para los jóvenes, la comunicación sexual entre padres e hijos, y la influencia de la pornografía en nuestra sociedad actual.

No hay duda de que el sexo es un tema importante en cualquier generación, aunque no todas están preparadas para asumirlas como algo natural, y enfrentarse a las dudas que a todos nos llegan a acechar de vez en cuando. Ahora mismo, en pleno siglo XXI, estamos en una época liberal, con acceso a informaciones de todo tipo y con todo tipo de medios, heredera de la llamada «revolución sexual», producida en el siglo anterior. Sin embargo, obras como esta demuestran que los conflictos tiene algún tipo de carácter cíclico, y que por mucho que investiguemos y queramos informarnos, los jóvenes tienen las mismas dudas sexuales que sus padres a su edad. Puede que no sobre los mismos temas, pero está claro que necesitan que se les aclaren multitud de temas, y que se les guíe para tener una vida sexual sana y plena.

El porno no es algo nuevo ni mucho menos, pero sin embargo irrumpió en nuestras vidas de forma masiva junto a la revolución tecnológica que se produjo también en el último siglo; y se convirtió en una preocupación para muchos padres, que entre prejuicios morales y falta de previsión, no supieran atajar algunos de sus efectos. Fue el porno online sin duda el que se llevó la palma, y con la generalización del uso de internet, querer controlarlo fue un caso perdido desde el principio; sin embargo, se demostró que prohibirlo no era muy efectivo, y aunque se toman y se siguen tomando medidas en el ciberespacio para evitar el acceso indiscriminado y sus posibles efectos, las páginas webs para adultos siguen subiendo como la espuma.

Pero no son estas páginas webs el problema en realidad, sino la forma en que encaramos la sexualidad, no queriendo verlo como algo natural y algo de lo que hay que hablar. El cine, el teatro, la pintura y, en general, la gran mayoría de las manifestaciones artísticas, se han llenado de sexualidad y erotismo, más que nada por ir con los tiempos actuales en los que vivimos. Sin embargo, en vez de abordar el asunto con esta mentalidad, no acabamos de entender que se tienen que contar las cosas como son, no andarse con subterfugios ni palabras ambivalentes; de esta manera, no habría que temer que este erotismo desmedido, o los temidos videos porno, influyeran sobre la población de tal manera que los llevara a creer que realmente el sexo entre dos personas, sean del género que sean, es lo que se ve ahí. Esto es arte, discutido o no; lo que sucede entre dos seres humanos, es la vida real.

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